Hubo una vez, como en los cuentos de hadas, un hombre que, durante una función teatral, abordó nada menos y nada más que al presidente Isaías Medina Angarita (1941-1945) para «solicitarle» la creación de una imprenta musical. Esto nos lo comenta Lorenzo Batallán en El Nacional del 2 de enero de 19651. Pero… ¿quién fue el osado «vitriolo»2 que cometió tal hazaña?; el mismo que dijo: «Mi terquedad en conseguir una imprenta musical para que nuestros artistas editen sus obras, es una obsesión que no dejará dormir a ningún político»3. Ese hombre «terco y honesto», que mantuvo en vela, no solamente a los políticos, sino también a todo el pueblo venezolano, tenía un nombre muy largo: Juan Bautista Rufino Jesús del Monte y Nuestra Señora de Santa Ana4, pero todos lo conocemos con el de Juan Bautista Plaza.
Sí, la terquedad tuvo un puesto muy importante dentro de la compleja personalidad del Maestro, personalidad sobre la cual hablaremos en otro artículo, ya que no podemos atrapar la vida y obra de un hombre como él en tan pocas cuartillas. Pero es «su terquedad» la que nos interesa destacar en estos momentos, ya que, gracias a ella, Venezuela pudo salir del estancamiento cultural (musical) en el cual estaba totalmente sumergida.
Sin embargo, detrás de lo que él llamaba «su terquedad» encontramos siempre un toque de pasión. De allí que hayamos titulado este artículo «La pasión pedagógica». Aunque también podríamos haberlo denominado «obsesión». No hubo circunstancia que no fuera aprovechada por el maestro Plaza para ejercer su labor pedagógica. Siempre tuvo esa inclinación por la enseñanza, desde que estudiaba en el Colegio Francés de Caracas, donde también daba «clases de canto y de algunas materias de primaria»5. Fue dejando, poco a poco, de lado la composición (según él, aunque sigue componiendo) hasta dedicarse «casi exclusivamente a las tareas pedagógicas»6 y poder enseñarle a la juventud «lo que es el arte musical y por qué se le debe amar»7.
Lo que hemos admirado en este hombre es su capacidad de sacrificio y su sentido autocrítico. Escoger siempre es difícil. Pero cuando implica sacrificio, lo es todavía más. Quizás en su escogencia influyó el hecho de que debía mantener a su familia, cosa que no hubiera podido hacer (ni ayer ni hoy) dedicándose solamente a la composición. Sí, es cierto, todos tenemos estómago. Pero además de eso, él tuvo «visión». La capacidad de ver qué es lo que necesitaba, en esos momentos, un país que había dejado sepultado toda su gloria musical en la Colonia, y que tenía una sola escuela de música8.
Ahora podemos añadir otro sustantivo: terquedad, pasión, obsesión, visión. La visión pedagógica de Juan Bautista Plaza no sólo abarcaba las escuelas de música. La idea central era el desarrollo de la sensibilidad estética, que en vez de cultivarse se ha ido atrofiando a través de los tiempos. Por eso, proponía la música al alcance de todos: «Es un error considerar que la música es un lenguaje que sólo a algunos seres privilegiados les es dado entender»9. Él no se refería a las canciones que estaban de moda en aquella época, sino a «toda aquella música que solemos considerar como un poco más seria…»10. Según el maestro Plaza, esa mentalidad (creer que la «música seria» es para «seres privilegiados») podía ser cambiada, pero no sin esfuerzo y voluntad:
…Prácticamente no veo más que una solución eficaz: infundirle al niño, con tesón y con método, tanto en la escuela como en el hogar, el amor y el respeto al arte, al arte de calidad, al arte verdadero. Para ello habría que empezar por transformar la mentalidad y la manera de sentir de casi todos los maestros y pedagogos. Es decir, algo sumamente difícil de lograr, a lo menos por ahora11.
Por cuestiones de espacio no podemos transcribir su «primera charla radial pedagógica» (que la podemos encontrar, con todas sus otras charlas, en su libro El lenguaje de la música), pero nos sentimos obligados a destacar dos puntos que están muy ligados entre sí. El primero trata de la opinión de Plaza con respecto a la formación del individuo:
…La cultura del hombre medio sigue siendo por lo general muy incompleta, ya que sólo se atiende al desarrollo de las facultades intelectuales, mediante la acumulación de numerosos conocimientos, la más de índole teórica. La otra faz de la cultura, la que contempla el desarrollo de la sensibilidad en el hombre, casi no se toma en cuenta en nuestra moderna educación. Se nota ya en todas partes, por fortuna, una tendencia a reaccionar contra ese estado de cosas. No es convirtiendo el cerebro en un almacén de conocimientos como se logra la educación integral de la persona (…) Pues bien, para forjar el alma, lo primero que hay que hacer es educar la sensibilidad…12.
El otro punto que queremos destacar es el consejo que el maestro da a los jóvenes de la época:
A los estudiantes, a los colegiales, a toda esa entusiasta juventud nuestra quisiera decirles muy especialmente que no descuiden la educación de su sensibilidad. El valor del hombre no se mide por su capacidad de saber sino también por su capacidad de sentir. Por eso la cultura artística ha de representar siempre en todo hombre espiritualmente íntegro, como el contrapeso de la instrucción, de la cultura puramente intelectual. ¿No aceptan todos el culto del deporte como un factor necesario de estímulo y de desarrollo físico? Asimismo, deberían todos aceptar el cultivo de la sensibilidad estética como un factor educacional igualmente indispensable13.
Una de las preocupaciones de Juan Bautista Plaza fue la de ir a «destiempo» con los acontecimientos que se estaban presentando en otros países latinoamericanos: Brasil, México, Colombia y, sobre todo, Uruguay y Chile, donde ya había estudios universitarios de música, investigadores e investigaciones musicales y la implantación de la moderna pedagogía fonográfica («en la enseñanza primaria, secundaria, en clases de especialización, y frente al oyente común a través de la radiodifusión»). En 1938, Plaza hace un análisis de la situación musical en los distintos países. Habla del músico brasileño Heitor Villa-Lobos, del musicólogo uruguayo Curt Lange y de sus propuestas, y cuando llega a Chile dice:
…La Facultad de Bellas Artes tiene esa triple finalidad: «Proporcionar cultura y estudios completos al artista creador o intérprete musical, en forma que pueda ejercer su arte como profesión; proporcionar a la educación pública y privada profesorado competente; y mantener abierto un orden de estudios en que puedan cultivarse, con fines puramente especulativos, todas las personas que tengan interés por el arte y que no aspiren ejercerlo profesionalmente»14.
Éstas eran, precisamente, las ideas de Juan Bautista Plaza, ideas que no llegó a ver completamente realizadas en 1965, año de su muerte. Ni siquiera la de aquella solicitud de la imprenta que le hizo al presidente Medina Angarita para difundir la música venezolana (incluyendo la colonial, que había sido rescatada por el mismo Plaza), y aunque no «aró en el mar», no nos haría ningún mal darle de nuevo una revisadita a sus proyectos e ideas, «puede ser» que todavía saquemos algo de allí.
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* Este artículo fue publicado en mi columna «Fusas… …pero… no difusas», en El Nacional, el jueves 12 de marzo de 1992 (Arte C/13). Hay algunas modificaciones, e incluyo estas notas al pie de página, colocando las referencias.
1 Miguel Castillo Didier (1985). Juan Bautista Plaza. Una vida por la música y por Venezuela (ensayo de biografía documental). Caracas: CONAC/Instituto Latinoamericano de investigaciones y Estudios Musicales Vicente Emilio Sojo: 263.
2 «Vitriolo»: seudónimo utilizado por Juan Bautista Plaza, en El Reporter. Plaza comienza a escribir en este diario el 15-9-1925. El término significa: «Nombre dado en química a algunos sulfatos». Por lo que Plaza, al escoger este seudónimo, se presenta como algo «sulfúrico».
3 Miguel Castillo Didier (1985). Op. cit., p. 263. Estas palabras las dice el maestro Plaza en junio de 1963. Y Castillo Didier las toma del artículo de Lorenzo Batallán. «Requiem para un artista. Ha muerto el maestro Plaza». El Nacional, 2 de enero de 1965.
4 Miguel Castillo Didier (1985). Op. cit., p. 39.
5 Ibídem, p. 245.
6 Ídem.
7 Íd.
8 La Escuela Preparatoria de Música (hoy Escuela de Música Juan Manuel Olivares) fue creada el 1º de octubre de 1945. Para esa época sólo existía la Escuela Superior de Música (la José Ángel Lamas).
9 Juan Bautista Plaza (1966). «El mensaje de la verdadera música». En El lenguaje de la música. Lecciones populares de música (revisión y prólogo de Eduardo Plaza). Caracas: Universidad Central de Venezuela. Dirección de Cultura: 11. Este libro contiene las charlas radiales de los años 1939 y 1940. La cita proviene de su primera charla radial («El mensaje…») en 1939, en Radio Caracas.
10 Ídem.
11 Ibídem, p. 12.
12 Ibíd., pp. 17-18.
13 Ibíd., p. 17. También en Miguel Castillo Didier (1985). Op. cit., p. 172
14 Miguel Castillo Didier (1985). Op. cit., p. 249. La cita forma parte del diagnóstico que hizo Plaza de la educación musical en Venezuela, en La posición de Venezuela en el panorama artístico de América. A propósito de recientes debates en la Cámara del Senado, de 26 de junio de 1938 (no publicado. Está en los documentos que conforman el Archivo de Juan Bautista Plaza —AJBP). Texto elaborado debido a que los senadores del Poder Legislativo, le formulan cargos al Ministro de Educación, Dr. Rafael Ernesto López, porque aumentó con «la mísera suma de 49.000 bolívares anuales» (según el mismo Plaza) el presupuesto de la Escuela Superior de Música (Castillo Didier, 1985: 251).
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