sábado, 1 de enero de 2011

Mozart y el recuerdo de una película*


Uno de los personajes del Proceso a Mariana Pineda (de Federico García Lorca) le advirtió enfáticamente a un alto funcionario de Granada, que darle muerte a Mariana sería mucho más peligroso que dejarla vivir, pues su mito se propagaría, de boca en boca, por toda España, y si bien se puede matar a una persona a un mito es totalmente imposible. Dicho y hecho. Mariana murió y se convirtió en un mito: de mujer insurgente y rebelde pasó a ser el símbolo de la libertad. 
            Aprovechando el bicentenario de la muerte de Wolfgang Amadeus Mozart (1791-1991), vamos a sacar del baúl de los recuerdos otro mito, esta vez dejado por el cine a través de una película titulada Amadeus (1984)1: se trata de la muerte de Mozart por Salieri.
            Realmente la vida de este genio tiene todos los ingredientes para sazonar una película. Veamos cuáles son: la historia oficial nos dice que Mozart nació el 27 de enero de 1756 en Salzburgo. Su padre, Leopoldo, músico profesional, se encargó tanto de su educación como la de su hermana María Anna (Nannerl), y los hizo recorrer parte de Europa con el fin de exhibir las dotes musicales de sus hijos prodigios. Según un historiador de la música, «Leopoldo logró más que una mera exhibición de los talentos de sus hijos». Para él las giras fueron esenciales porque lograron desarrollar, sobre todo en el niño, «sus facultades críticas, un agudo interés por la gente y una memoria fenomenal». Pero este gran genio de la música, a pesar de sus innumerables giras y, quizás por su carácter rebelde, no logró un reconocimiento internacional (los grandes señores reconocían su talento, pero lo desdeñaban mucho) ni una buena posición económica. La curiosidad por el niño prodigio se había evaporado y ya el joven músico no habría de interesar tanto; por esta razón, su vida comienza a ser más dura y «empieza para él —según Uslar Pietri— una larga carrera de dificultades económicas, de necesidad casi de mendigar, de pedir dinero prestado, de ejecutar obras de encargo a toda carrera, lo que explica en gran parte por qué su obra es tan numerosa [más de seiscientas obras] y tan variada, porque tenía que satisfacer el capricho de todos esos señores a quienes se les ocurría buenamente encargarle una ópera para un aniversario real, o alguna cantata para el cumpleaños de una dama de la corte, y él tenía que atender a todos estos para poder reunir algún dinero, porque por esas obras le daban una dádiva…» (Valores Humanos [1972]. V. III. Caracas/Madrid: edime: 89).
            Si Mozart no tuvo mucha suerte en la Corte (el príncipe-arzobispo Jerónimo de Colloredo lo manda a arrojar a la calle a puntapiés), tampoco la tuvo en el amor. En 1782 se casó con Constanza Weber (cosa que el padre nunca le perdonó), mujer enfermiza, que, aunque buena, parece que lo que hizo «fue contribuir a esa perpetua bancarrota económica de Mozart, a esa inestabilidad de su vida que no terminará sino con su muerte» (Uslar Pietri, 1972: 90).
            El 5 de diciembre de 1791 muere Wolgang Amadeus Mozart, joven (a los treinta y cinco años) y pobre. Esta «alma de niño afectuoso y confiado, todo suavidad, ternura y alegría», según sus biógrafos, era tan pobre cuando murió, que no «pudieron adquirir para él una sepultura propia», y por eso lo echaron a la fosa común con otros pobres que habían muerto ese día en Viena. Pero ¿de qué murió Mozart? Hay tres hipótesis diferentes: de tifus exantemático, de ataque cerebral y de hidropesía pulmonar2.
            Sin embargo, según la creencia popular (que va de boca en boca como lo de Mariana Pineda) a Mozart lo envenenó Salieri (1750-1825), lo que nos hace dejar el terreno de la historia oficial y entrar en el de las malas lenguas. Según éstas, Leopoldo fue un explotador cruel y mercenario de sus hijos prodigios que parecían «monitos amaestrados» destinados a divertir y cumplir los caprichos de los grandes señores (y señoras). Fue así como comenzó  Wolfgang, con ese ir y venir de un sitio a otro, su «trágico destino de errancia», destino muy ligado al padre, que, al parecer, ejerció, aun después de muerto, un dominio absoluto sobre el músico.
            Estas mismas malas lenguas nos hablan de las intrigas de Salieri y nos dicen también que esta «alma de niño, toda suavidad, ternura y alegría», escribía unas cartas que contenían «chistes procaces, juego de palabras y obscenidades» (quizás a lo Quevedo), y hacía «unos cánones [forma musical imitativa] con textos que fueron muy pronto suprimidos dado que no encuadraban dentro del retrato de Mozart que hizo el siglo xix» (Reinhard G. Pauly [1974]. La música en el período clásico. Buenos Aires: Editorial Víctor Leru: 119).
            A todo esto añadamos la sí muy nombrada visita de un ser misterioso, el famoso unbekannte Besteller, vestido todo de gris (otros dicen que de negro, o enlutado), que le encarga una misa de réquiem sin decirle quién es el difunto. La aparición de este ser casi sobrenatural le hace pensar a Mozart que ese réquiem significa un presagio de su propia muerte. Precisamente esta anécdota, digna de un Vincent Price o un Stephen King, fue hábilmente desarrollada en la película Amadeus (1984); escena que produce un erizamiento total tanto del público como de Mozart: después de la muerte de su padre, el joven se siente libre de su yugo, y un día, mejor decir una noche, delante del retrato de Leopoldo, el joven realiza una especie de danza macabra al son de una sombría vela y de su sarcástica risa arpegiada (realmente una imagen inolvidable). Durante el trance del joven tocan a la puerta (es aquí donde se produce el erizamiento) y aparece, enmascarado, el ser misterioso que le pide el réquiem, y le paga la mitad, es decir, cincuenta ducados de los cien ducados que le prometió pagar por todo el trabajo. Todo esto, en la película, se hace bajo la sombra de Salieri, lo que nos hace (o nos obliga a) pensar que es una de sus intrigas.
            Si nos preguntaran en estos momentos de qué murió Mozart, ya no diríamos que de tifus, o de un ataque cerebral y menos de hidropesía pulmonar, sino de la tortura psicológica que le aplicó Salieri con el fin de volverlo loco o, quizás, de llevarlo hasta la muerte. Pero es el mismo Salieri quien reconoce la grandeza del músico, cuando al finalizar la película lo ayuda a concluir su Requiem (otro mito que nos dejó el cine). El único ingrediente que nos falta es que durante su entierro cayó una gran tormenta sobre Viena «de modo que llegó al cementerio el cuerpo de Mozart sin más acompañamiento que el de los sepultureros que le llevaban en hombros» (Uslar Pietri, 1972: 91).
            El mito de la muerte de Mozart por Salieri tiene sus antecedentes en un poema dramático del poeta ruso Aleksandr (o Alexander) Pushkin titulado Mozart y Salieri (1830)3, donde desarrolla lo del envenenamiento. Este poema fue musicalizado por Nikolai Rimsky-Korsakov en una ópera del mismo nombre, de 1898.
            Pero no nos importa mucho si es verdadero o falso, lo que nos interesa es hasta qué punto el mito se puede volver realidad. Manuel Scorza, escritor peruano, nos planteaba que el mito puede ser más real que la Historia, puede sustituirla e incluso transformarla, poniendo en tela de juicio la historia oficial. La relación entre el mito y la Historia es tan tenue, entonces, que quizás vivimos el mito como realidad y la realidad como el mito sin darnos cuenta de ello.
            Y a propósito de mitos, no fue Salieri quien ayudó a Mozart a terminar el Requiem, sino un discípulo suyo (de Mozart, pero también de Salieri), Franz Xavier Süssmayr, a quien hay que darle el crédito después de todo el trabajo que se tomó en hacerlo al morir el maestro. En cuanto al ser misterioso, sabemos que… ¡no!, mejor dejemos que cada quien haga sus propias pesquisas, aunque ¿no es mejor quedarse con el sabor del misterio...?
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* Este artículo fue publicado en El Nacional, en febrero de 1992, en mi columna titulada «Fusas, pero no difusas», como homenaje a Mozart en el bicentenario de su muerte. Tiene alguna que otra modificación.
1 Obra de teatro escrita por el autor inglés Peter Shaffer, en 1979. La película, dirigida por Milos Forman, es de 1984.
2 Según un artículo reciente del diario español ABC (basado en un artículo del New York Times), el Dr. Karhausen, en 1998, establece que Mozart pudo haber muerto de 118 posibles causas. Mientras que el Dr. William J. Dawson, cirujano retirado e investigador de la Asociación Médica de Artes Escénicas, las divide en cinco grupos: envenenamiento, infección, enfermedad cardiovascular, insuficiencia renal, o la flebotomía.
3 Fue escrita por Pushkin como un estudio dramático del pecado de la envidia.

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